[Opinión] Andalucismo de bolsillo

Es frecuente ver, durante estos meses de verano, a grupos de personas desnortadas que deambulan por nuestros pueblos y ciudades intentando orientarse e interpretar lo que observan con guías de bolsillo en las manos. Son las guías esos pequeños libros de viaje que reducen nuestra compleja historia en veinte líneas e incluyen un listado de los monumentos de interés, lugares imprescindibles, itinerarios culturales, especialidades gastronómicas, expresiones coloquiales y consejos útiles para guiar al viajero, acompañado todo ello de los correspondientes planos y fotografías que ilustran con eficacia –una imagen vale más que mil palabras- el contenido de la guía.

Algo similar les ocurre a los cargos públicos del Partido Andalucista desde que en 1980, tras el referéndum del 28 de febrero, redujeron la obra política de Blas Infante a una guía política de bolsillo. Andan desnortados, sin rumbo fijo, y pretenden orientarse en esta Andalucía del siglo XXI, tan distinta de la sociedad andaluza de hace treinta y cuatro años, con una guía de andalucismo de bolsillo, que reduce toda nuestra larga historia, nuestra rica identidad y nuestra compleja realidad a la definición de Andalucía como nación y supedita a ella todo nuestro futuro. Se completa la guía con algunas expresiones políticas al uso, algunos consejos electorales de dudosa eficacia y algunas viejas fotografías ya ajadas, que ilustran mejor que nada cuál ha sido la trayectoria andalucista durante estos años. Como aquella foto de la escena del sofá en la que Rojas Marcos pretendió negociar con Martín Villa el acceso a la autonomía andaluza por el artículo 144, cuando el pueblo andaluz había conquistado, en la calle y en las urnas, el acceso a su autonomía plena por el artículo 151, en pié de igualdad con las demás comunidades que la constitución de 1978 reconocía como nacionalidades históricas.

Tan ambiguo como lamentable es el papel que el Partido Andalucista ha desempeñado, hoy como ayer, en la elaboración del Estatuto de Andalucía. Una vez más es la izquierda andaluza, IU y PSOE, quienes impulsan un estatuto con el máximo nivel de autogobierno, con el mismo rango político que cualquier otra nacionalidad histórica de España, con una financiación suficiente y solidaria, con la competencia exclusiva sobre las aguas del Guadalquivir, y más avanzado que ningún otro en lo relativo a nuevos derechos sociales, al empleo y al medio ambiente. Izquierda Unida ha demostrado su utilidad, transformando la necesidad aritmética en virtud política, y estamos muy orgullosos de haber contribuido, con nuestro trabajo y con nuestras propuestas, a conseguir mejorar la calidad de vida presente y futura de todos los andaluces.

Sorprendió la actitud del Sr. Ruiz Aguilar en la Huelga General contra la Reforma Laboral de Rajoy, aunque hay que reconocer que a otros niveles como el exsecretario general del PA Ramón Sánchez Heredia la secundó, en El Puerto Antonio Jesús no quiso alinearse con los trabajadores ni con los grupos de la oposición. Tampoco lo ha hecho cuando su socio de gobierno, el PP, le propuso vender APEMSA. Primero navegó en la ambigüedad para finalmente proclamarse el defensor de la privatización de la empresa municipal igual que de la construcción de dos aparcamientos subterráneos en la ciudad.

El andalucismo se sitúa, hoy como ayer, en una ambigüedad pretendidamente calculada, que mira al cielo del nacionalismo mientras toca el suelo del capitalismo, añorando la burguesía andalucista que nunca existió. Es difícil entender que una fuerza que se dice andalucista no sepa reconocer los avances que se vienen dando en Andalucía desde que gobierna el pacto IU-PSOE, supedite todo a la defensa de las políticas antisociales que le dicta su socio el PP y pretenda jugar un papel determinante que no le otorga su actual representación política y menos después del varapalo recibido en las elecciones europeas.

Con ese modelo de partido obsesionado únicamente con convertirse en bisagra para gobernar con quien sea, y esa manera de hacer política, no es de extrañar que el PA continúe fuera del Parlamento de Andalucía y esté siendo apartado de los gobiernos que comparte en la actualidad.

Claro que tampoco es tan extraño que algunos militantes y cargos públicos andalucistas cambien la guía de andalucismo de bolsillo por la artera. Al fin y al cabo, ambas se llevan en el mismo sitio, y si no que se lo pregunten a Pedro Pérez o a Carlos Fernández (este último actualmente en busca y captura), exconcejales de Marbella que fueron detenidos por su implicación en la “operación Malaya”. O a otros cargos públicos andalucistas que han utilizado el nombre de Andalucía en vano, traicionando no sólo al pueblo andaluz, sino a sus propios votantes y a sus abnegados militantes, andalucistas convencidos, la mayoría de los cuales son gente honrada que no se merecen a quienes les dirigen y representan.

 

José Manuel Vela  – Ex-concejal de Izquierda Unida